
Nunca se sabe lo que se tiene hasta que se pierde...Muchos momentos bruscos no se pueden controlar…a veces por no querer perder algo que se cree que es bueno, termina perdiéndose uno mismo.
¿Cómo hacer cuando los vientos cambian?...Cuando la vida pasa de una hermosa brisa de verano a una frío viento de invierno. Cuando de repente despiertas y te preguntas, Por qué pasó? Cuando en un momento de absoluta tranquilidad observas con los ojos de tu alma en lo que se ha convertido tu vida y la respuesta son lágrimas que no paran de brotar y un miedo que sin querer, te envuelve sin escudo de defensa. ¿Qué hacer cuando no sabes qué hacer?
Las tormentas van y vienen…pero hay muchas que se pueden evitar. Decía Descartes que “lo importante no es tener un buen entendimiento, sino aplicarlo bien”. Y es que hay que usar la razón con sensatez. Porque muchas veces creemos estar usando la razón, pero si no hay sensatez en los actos que se realizan, ¿Cómo esperamos que la vida sea sensata con nosotros? Son innumerables las veces que la culpamos por todo lo malo que nos sucede, pero ella sólo actúa en consecuencia de nuestras acciones. Ciertamente muchas veces los vientos cambian sin nosotros merecerlo, sin tener nada que ver…pero hay otras en las que nosotros mismos poco a poco nos vamos abrigando con una cosa y otra, hasta que nuestro verano se convierte en un frío invierno.
Pero entonces… ¿como interviene la suerte en este proceso? ¿Será que la suerte depende de que nuestra razón tenga o no sensatez? ¿O acaso la suerte es sólo una palabra a la que cada ser humano le encuentra un significado dependiendo de lo vivido? ¿ O es un camino que se hace uno mismo? La suerte quizás podría considerarse como un factor. Decir que no existe la suerte es quizás contradecir a la mayoría de los seres humanos, porque en un alto porcentaje ellos han dicho por lo menos una vez “tengo mala suerte” o “tengo buena suerte”. Si colocáramos como ejemplo un juego de azar; Dos personas, a cada una se les reparte un número de cartas. Una tiene cartas fuertes, poderosas. La otra, las de menor valor. Gana la primera. Vuelven a jugar y sucede lo mismo. Una vez más y el mismo resultado… ¿es buena suerte para la primera persona?, ¿la segunda no debe jugar de nuevo para no volver a sufrir la pérdida? ¿O debe jugar hasta conseguir su meta de ganar? Ciertamente la vida es como un casino. Con muchos juegos de azar. Si quieres ganar, pero ves que con este juego te fue mal, prueba con otro, usando la razón y no la avaricia. Viendo que te falló en aquel juego, para no fallar en este. Es verdad, todos los juegos no son iguales. Pero tienen cosas en común. Y la principal es que en todos hay que tener la cabeza bien puesta, sentido común y experiencia de las anteriores jugadas.
No es fácil sufrir cambios fuertes de clima. A veces nos afecta hasta enfermarnos. Es como cuando queremos pasar un día rico de playa. Esperamos un sol radiante, una arena cálida, al mar tibio, y cuando llegamos, vemos que el cielo está gris, la arena fría y el agua helada. Decepcionados, nos quejamos. Y entonces se nos presentan dos opciones: ¿O bañarnos en el mar de alta marea? ¿O esperar una nueva oportunidad, un nuevo día para disfrutar lo que habíamos anhelado? Muchos dirían que sería mejor quedarse, porque no sabes si la vida te depare otra oportunidad para regresar, pero… ¿vale la pena entregarse a ese mar así, alebrestado y lleno de oscuridad y frialdad sólo por cumplir un deseo?...lo dudo…si ni siquiera era lo que se buscaba realmente, para que mojarnos con un mar que no nos gusta en su totalidad? ¿ y si después esa oportunidad de volver, nos la quita el mismo mar?...Hay riesgos que no vale la pena correr…es ahí cuando el entendimiento, la razón y la sensatez entran en juego.
No es sencillo distinguir que día será de sol y que día será de lluvia. Por eso antes de tomar decisiones apresuradas, hay que esperar…porque lo que comienza con un sol radiante a veces termina en tormenta…y si saliste sin paraguas…¡¡Te empapas sin poder evitarlo!!, y las consecuencias no suelen ser las más óptimas.
Sin suerte o con suerte el tiempo de Dios es perfecto. Y si se mide bien cada paso que se da en la vida, se aprovecha mucho mejor. No es difícil cuando anhelas algo irte de una con la primera opción. Dices que al fin te llegó tu momento, y que si lo desaprovechas no sabes si tendrás otra oportunidad. Y te aferras a ella como si fuera lo único en el mundo, haciendo hasta lo que no quieres por no perderla. ¡PERO NO SE VALE! La mejor oportunidad de la vida es uno mismo! Nosotros somos la oportunidad que el mundo estaba esperando para cambiar y ser mejor. Somos la opción para ayudar a muchos! Para evitar más cosas malas y multiplicar las buenas! Dios nos ha dado la oportunidad de vivir y la oportunidad de darle vida al mundo! No podemos afianzarnos a lo que creemos que está bien, si a nosotros no nos hace bien! La vida somos cada uno de los seres humanos existentes en este planeta. Si no nos cuidamos y nos valoramos, si solamente cambiamos los vientos sin pensar antes en lo que hacemos, nos será aun más difícil sobrevivir a los vientos que el mismo destino de por si ya nos tiene preparados. Por eso es que CUANDO LOS VIENTOS CAMBIAN, hay que esperar que estos vuelvan a su ritmo. Observar que se perdió con el remolino, y si se puede y se quiere recuperar, lucharlo sin descanso. Y si dejó secuelas, tratar de borrar las que sean borrables y las que no aceptarlas de momento o con el paso del tiempo, dependiendo de su fortaleza. Y si ese remolino nos trajo de sorpresa algo bello que no esperábamos, convertirlo entonces en parte de esa nueva etapa y en otra bella y lustrosa oportunidad para el mundo, porque CUANDO LOS VIENTOS CAMBIAN, hay que cambiar con ellos…No queda más!